Cómo hablar de sexo con los hijos

El mundo envía mensajes sexuales a los niños desde que nacen

Aunque en vuestras casas no lo hagáis, el mundo manda mensajes sexuales a los niños desde que nacen. Al contrario de lo que muchos padres piensan, los niños se dan cuenta de todo lo que sucede a su alrededor y les genera preguntas.

¿Por qué una pareja medio desnuda se manosea por un poco de colonia? ¿Por qué todos los días veo mujeres casi desnudas en los anuncios? ¿Por qué algunos desodorantes masculinos incitan al sexo si los usas?

Crees que tú lo ves, pero tus hijos no. Desde tierna edad, todo eso y muchísimo más les asalta diariamente. Una buena educación sexual evitará que los medios de educación eduquen a tus hijos en un tema tan íntimo e importante como su propia sexualidad. 

¿Por qué deberías hablar de sexo con los hijos?

Hablando con ellos conseguirás cosas importantes tanto para su relación contigo como para su desarrollo personal:

  • Conseguirás una mayor confianza con tu hijo, ya que al resolver sus dudas de forma eficiente y sincera entenderá que puede confiar en ti.
  • Nadie quiere que sus hijos se vean obligados a hacer cosas que no quieren hacer, pero si no resuelves sus dudas las resolverán con el porno, los anuncios o la televisión, entre otros, lo que les dará una visión errónea y ficticia de las relaciones.
  • Recibir educación sexual e información fiable y de calidad para su desarrollo emocional y físico es un derecho.
  • Evitarás el trauma que viven muchos adolescentes al llegar a una etapa para la que nadie los ha preparado. Muchas mujeres la primera vez que tienen la menstruación creen que se están muriendo y muchos hombres vivían avergonzados de sus erecciones involuntarias. Ojalá alguien los hubiese preparado y explicado que les iba a suceder.
  • Aprenderás a dejar los tabúes a un lado y vivirás tu vida sexual de forma más plena.
  • Evitarás que tus hijos se contagien y reduzcan las posibilidades de contraer un ets o its. La información de calidad desde temprana edad es la mejor barrera contra las infecciones.
  • Hablarles de sexualidad no es hablarles de relaciones sexuales. Es ayudarles a entender sus emociones y las de los demás, mejorando así tu capacidad para expresarlas y la suya. Cuando llegue la adolescencia, si has trabajado bien la base, los problemas emocionales serán mucho más sencillos de tratar para ti y para ellos.

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Cómo empiezo

Sé que es difícil hablar y educar a tus hijos en un ámbito en el que tú no recibiste educación. Has cogido miedos y tabúes durante los años que te cuesta olvidar cuando tu hijo te pregunta sobre penes y vulvas o de dónde vienen los bebés.

No te preocupes, todo tiene solución.

Lo mejor de todo es que podrás ir eliminando tus prejuicios y tabúes conforme tus hijos crezcan.

Responder a preguntas que un niño de 6 años formula, es mucho más fácil que responder a las de un adolescente de 16 años.

Así que primero empezaréis por lo más básico: llamar a las cosas por su nombre.

En el colegio ya le habrán dicho o le dirán que tiene pene o vagina. Llámalo así tú también. Cambiarle el nombre porque a ti te da reparo decirlo, lo único que hará será que tus hijos también le cojan reparo.

Cuando llamamos a las cosas por su nombre perdemos el miedo a investigar o hablar sobre ello porque entendemos que no es malo, simplemente es.

Si tus hijos tienen entre 2 y 6 años lo más seguro es que los hayas pillado masturbándose. Digo masturbándose porque es el acto de tocarse los genitales, pero un menor no lo hace por los mismos motivos que un adulto. Aprovecha para hablarle de intimidad, de que sus genitales son suyos y se los puede tocar, pero en privado, no en el salón delante de todo el mundo. Decirle que eso no se hace, no solo coarta su libertad para conocer y explorar su cuerpo, también le manda el mensaje de que es algo malo. 

Luego viene la etapa de los bebés, donde hacen preguntas como ¿de dónde vienen?, ¿por dónde salen? o ¿cómo han llegado hasta ahí?. Bueno: contarles el rollo de la flor no es lo más recomendable. Cuando me toco a mí, que me tocó, le fui todo lo sincera que pude:

– Cariño, no puedo contarte como llegan los bebes a las barrigas porque es difícil de entender (no tenía edad para explicarle que el pene va dentro de la vagina) pero sí puedo decirte que es como la magia, la magia del amor. 

Le pareció una buena explicación y no pregunto más. En una visita a la granja vieron nacer un potrillo y llego a casa explicándome que los caballos salían por la vulva (por un agujero grande del culo del caballo, me dijo). 

-Cariño todos los bebes salen por la vulva. 

Cara de asombro.

– ¿Yo también mama? 

-Si mi amor, tú saliste de mi vulva.

 No se asustó, no está traumatizada. Al contrario. Se alegró mucho de que no nos explote la barriga a las embarazadas y de entender para qué servía ese agujero si no sale pipi.

Y con la misma sinceridad y naturalidad le habló de todas las cosas que me pregunta, aunque no siempre me lo pregunte en el mejor momento. No es sencillo explicarle cómo la comida se convierte en caca en un restaurante.

Debemos entender que ellos no tienen tabúes ni miedos y mucho menos ideas preconcebidas sobre sus cuerpos. Solo tienen curiosidad.

Pero no solo hemos hablado de eso, también de sentimientos y emociones. Ayudarle a entender que le duele la barriga porque está nerviosa por una excursión es igual de importante que ayudarle a entender por qué su cuerpo funciona y es de la forma en la que es.

Así, poco a poco, tú te desharás de tus prejuicios mientras ayudas a tus hijos a entender mejor su cuerpo.

Poco a poco crearás un vinculo de confianza que ni la adolescencia podrá romper. Sé que no quieres que tu hijo adolescente te pregunte cómo se pone un preservativo, pero en el porno no lo usan. No quieres explicarle que es la gonorrea, pero si no lo haces tú ¿quién lo hará? 

Si tienes problemas para deshacerte de tus tabúes, prejuicios y miedos y no quieres transmitírselos a tus hijos pide un poco de ayuda. Inténtalo. Hablar de sexo con los hijos les aporta seguridad, confianza y establece un vínculo más fuerte con sus progenitores.

Rebeca Rosell

Coach Sexual y de Pareja