Free bleeding o cómo reconciliarte con tu menstruación

Fui madre en el año 2012. Cambió no solo mi vida, sino también cómo me relacionaba con mi cuerpo. No era solo un cuerpo que sangraba una vez al mes, que me provocaba dolores y retortijones. Era creador de vida. Con aquel bichito entre mis brazos fui consciente de lo poco que conocía mi cuerpo y su fuerza. Y aunque fue la primera señal, no fue el principio de este hermosos viaje junto a mi útero.

Miedo a la primera menstruación

Empezó cuando yo debía tener 9 o 10 años y oí hablar de la menstruación. Mi primera reacción fue pensar que con la mala suerte que tenía, seguro me vendría en un lugar público y lo mancharía todo. En mi cabeza la sangre menstrual era una cascada roja bajando por mi vulva hasta el suelo. Así que, como era de esperar, cuando a los 11 años me vino la regla casi me muero del susto.

En el baño de aquel restaurante, de viaje, con mis abuelos y unas primas… y sin mi madre. Le dije a mi prima que me estaba muriendo, ellas se echaron a reír y me dijeron que solo era la regla. Directamente fuimos a por compresas.

Nunca me sentí cómoda con nada. Las compresas me hacían sentir como si llevase un pañal y los tampones hacían que estuviese siempre preocupada por si me daba un SST (síndrome del shock tóxico). Para mas “inri” en aquella época mi regla era irregular, dolorosa y un castigo divino.

Desde los 14 a los 19 estuve tomando pastillas anticonceptivas que ni me regularon la menstruación ni me sacaron los dolores. Dejé de tomarlas porque me quedé embarazada. Cambié de ginecólogo y me dijo que era ese tanto por ciento minúsculo que no las absorbe. Resultó al final que mi cuerpo no aceptaba bien las hormonas externas: ni píldoras, ni aros, ni parches.

Mi camino hacia el Free Bleeding

Por ese entonces yo ya solo usaba productos de día. Por la noche me ponía una toalla (si me acordaba), y dejaba a mi útero expulsar libremente todo lo que quisiera. Lo que después de ser madre se convirtió en sangrar libremente por casa por comodidad y por vergüenza.

El estigma y odio hacia mi menstruación seguía ahí. No recuerdo cuántas veces le dije a mi madre las ganas que tenía de convertirme en mujer menopáusica solo para quitarme la menstruación de encima.

En 2014 Kiran Gandhi corrió la maratón de Londres sangrando libremente. Se hizo viral. Una mujer sangrando se hizo viral por sangrar. Ahí es cuando empecé a tomármelo de forma seria. No podía ser que yo también estuviese escondiendo que sangro, cuando todo ser humano sabe que un útero sangra. No quería ir manchándolo todo, pero tampoco quería esconderme y seguir pasándome los tampones como si fuese droga.

Descubrí a Rupi Kaur, que hacía videos y escribía sobre conocimiento del cuerpo, menstruación y poder. ¿Sabías que durante toda la menstruación no expulsamos más de 80ml de sangre? Es poquísimo. Si lo dividimos por 5 días son menos de 20 ml diarios. Aprendí también que mi útero no está abierto 24/7 expulsando sangre a cuenta gotas. Expulsa cuando lo necesita y ya está. Así que conforme el endometrio se va desintegrando, tu útero lo va expulsando.

Con estos dos datos decidí lanzarme. Necesitaba conectar con mi cuerpo y los problemas que tenía con mi menstruación fueron el primer obstáculo:

  • No eran ciclos regulares.

  • Nunca sabía cuándo me iba a bajar.

  • Siempre sentía dolor.

  • La odiaba.

  • Podía pasarme 1 semana o más sangrando sin parar.

  • Olía muy mal todo mi cuerpo.

  • Me producía cambios de humor bruscos.

  • Me hacía sentir sucia.

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Mujer menstruante enfadada consigo misma por ser mujer menstruante

Buscar información tampoco era sencillo. Todo lo que encontraba eran artículos de opinión o entrevistas en la calle. Todas o casi todas las opiniones eran negativas, pero poca información sobre cómo iniciarse.

Ayudándome de la meditación empecé a escuchar mi cuerpo durante las menstruaciones y descubrir cosas asombrosas sobre mí misma. Lo primero fue sentir como mi útero expulsaba sangre. Sensación extraña pues era la primera vez después de 10 años menstruando que era capaz de sentirla; y no lo sentí la primera vez que me concentré, me costó 3 ciclos.

Lo siguiente que aprendí es que no había cuidado mi suelo pélvico. Qué poco me respetaba a mí misma por aquel entonces. Pero de lo que más me avergüenzo fue darme cuenta de la tremenda ignorancia que tenía hacia mi periodo y cómo se vive en otras culturas.

¿Sabías que las tribus de la selva son capaces de aguantar la menstruación durante el día y expulsarla cuando han acabado de trabajar? Si una mujer es capaz de cortar raíces de yuca todo el día, con un bebé en la espalda y un machete gigante en el brazo…¿Cómo no voy a ser yo capaz de hacerlo?

Así que tenía que trabajar varias cosas:

  • Mis tabúes y falsas creencias sobre la menstruación.

  • Mi suelo pélvico.

  • Mi conexión con mi cuerpo.

Fui por fases mientras seguía practicando free bleeding a media jornada. Porque pasar de utilizar métodos a no utilizar nada no son dos días amigas. Es un trabajo de meses o años hasta alcanzar el punto que quieres, aunque también depende de en qué punto te encuentres tú.

Lo más sencillo fue trabajar mi suelo pélvico

Venus O´hara lleva 10 años ayudando a las mujeres a conocer su cuerpo y mejorar sus relaciones íntimas. Así que me chupé todos sus videos sobre suelo pélvico y empecé a practicar.

Empecé con ejercicios de Kegel: 3 veces al día, 4 días por semana. Es la mejor forma de comenzar y la más efectiva, aunque no la más rápida. Yo decidí hacerlo así, pero si quieres avances rápidos utiliza bolas chinas a diario o haz pesas vaginales.

Al principio me costó un poco, porque lo tenía muy abandonado, pero poco a poco gane fuerza y confianza. Curiosamente empecé para poder tomar el control sobre mi menstruación y mi ciclo y acabé con orgasmos tan intensos que muchas veces experimento “la muerte dulce”. Gracias Kegel.

Lo segundo fue trabajar en mí, tabúes y creencias sobre la menstruación. No es sucia, no huele mal, no da por saco y es la causante de que las mujeres vivamos más que los hombres. Pero durante toda mi vida vi que la sangre es azul, que manchar en público es de lo peorcito que te puede pasar y que cuando sangras tu vida sexual se para en seco de cintura para abajo.

Si nadie nos habla de forma amable, positiva y natural sobre nuestros cuerpos y nos dicen que debemos esconderlo, ¿cómo vamos a tomar las riendas?

Me costó mucho y lo cierto es que hasta que no conseguí retener mi menstruación un día tomando una cerveza y sin ir al baño cada 10 minutos por miedo a manchar, no me liberé del todo. Ese día me di cuenta de que tenía confianza total en mí y, como no, en mi fabulosa vagina.

Y dejo lo más difícil para el final. Conectar con mi cuerpo. Me costó 2 años ser capaz de leer correctamente las señales de mi cuerpo. Ahora puedo decir con exactitud cuándo empezaré a expulsar e incluso en qué momento del día.

Tuve que aprender a escucharlo y a leerlo. Me hice un calendario de cuadraditos para las emociones. Así que cuando me despertaba pintaba con el color que había decidido que significaba una emoción en concreto. Y con el paso de los meses descubrí el patrón. Ahora ya sé que si me despierto mimosa y contenta con una pizca de llorosa me faltan 2 días y si además me enfado con facilidad me vendrá por la noche.

Porque no solo eran esos cuadraditos de colores. También anotaba cómo sentía mi útero, mi libido y mi flujo. Nunca me había parado a pensar en mi flujo hasta ese momento. Mi cara de pánfila al descubrir que el flujo varía y cambia con el ciclo. También la sensibilidad de la piel. Una caricia justo después de la menstruación me es más dulce y tierna que antes, que todas me parecen que conducen al sexo.

Así que después de 2 años de practicarlo a media jornada, trackear mis emociones y aprender a leer mi cuerpo por fin me decidí a no usar nada. Mentira, durante los primeros ciclos usaba compresas de tela por si acaso.

Hasta el día del bar. Porque hasta ese momento cada vez que salía de casa, aunque llevase algo, mi percepción era que lo iba a manchar todo, iba a fracasar seguro. Pero no. Nunca manché aquella compresa de florecillas.

Así que desde aquel día, llevo ya 4 años sin utilizar nada, sin manchar braguitas o pantalones. Voy por la vida con la seguridad de que tengo absoluto control sobre mi cuerpo, un cuerpo al que conozco y quiero.

En invierno, soy capaz de aguantar hasta 2 horas, en verano se me hace más difícil. Porque el clima también afecta y debes aprender a notar cómo te afecta.

Por la noche sí que mancho, a veces, pero tengo lavadora y eso no preocupa. En casa me levanto cuando sé que estoy expulsando y a veces aguanto solo para retarme a mí misma.

El free bleeding ha cambiado cosas en mi vida, no solo en mi ciclo

Mi ciclo ha cambiado en:

  • Su duración: ya no me paso 1 semana sangrando. Con 3 o 4 días ya estoy vacía. Porque con el free bleeding no solo aprendes a aguantar, también a expulsar.

  • El dolor: como mi vagina no retiene nada durante 4 o 5 o 6 horas (lo que dura un tampón) mi útero vive más tranquilo. Llamadme loca, pero así es en mi cuerpo.

  • El olor: la sangre menstrual no huele mal ni de forma desagradable. Eso lo aprendí cuando dejé de usar productos químicos cerca de mi vagina. Con las compresas de tela ya se podía percibir el olor natural.

  • Vivo acorde a mi ciclo: antes vivía contra mi ciclo. Ahora mi alimentación y rutina de adapta a mi ciclo para ayudar a mi cuerpo a funcionar mejor y menos estresado. Lo que más me gusta es 4 o 5 días antes, ir a por arándanos y ponerme fina filipina. Lo que menos…bufff! Dejar los dulces y el pan, aunque sea por una buena causa.

Como os decía no solo ha afectado a mi ciclo y mi relación con él, también a mi vida en general:

  • Conozco y controlo mi cuerpo y eso me da poder sobre mí y mis elecciones.

  • Sané la relación con la mujer cíclica que soy y me ayudó a liberarme de los tabúes absurdos entorno a nuestros ciclos.

  • Mejoro mi vida sexual y la de mi pareja. Mis orgasmos son mucho mas intensos y prolongados y mi vagina puede aportar placeres extraños. Esto se traduce en experimentar “la muerte dulce” en muchos de mis encuentros íntimos y ser capaz de hacer el beso de Singapur, lo que para él es un nuevo nivel de placer.

Nada de lo que has leído es un intento por comerte la cabeza

Es mostrarte otra forma de convivir con tu ciclo y tu menstruación. Sé que no es una práctica apta para todas las mujeres, no por la práctica en sí, sino por el trabajo y esmero que hay detrás. Pero eso no es malo. Tú debes elegir para tu menstruación lo que se adapte mejor a tu ciclo, estilo de vida y necesidades.

Por cierto, ninguna candidiasis, infección de orina o irritación en la vulva han aparecido en mi cuerpo desde que dejé de usar productos químicos. Es decir, que si crees que no estás preparada pero quieres hacer un cambio, puedes empezar por los productos de tela orgánica o las copas menstruales de silicona médica.

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Rebeca Rosell
Coach Sexual y de Pareja